Con todos los trapos encima; sin embargo, mis dedos empiezan a entumecerse y a experimentar ese hormigueo que mis pies ya dejaron de sentir, la escarcha golpea mi rostro que se va acumulando en los pliegues de la ropa. Soportar temperaturas invernales bajo cero, coronar montañas cercanas a los 5000 metros (Dashueshan  4812 m.s.n.m), acampar sin poder conciliar el sueño me hacen comprender lo que en realidad significa ciclear en el techo del mundo: el Tibet; entender que ya dejó de ser un esfuerzo físico lo que impulsa este incesante pedaleo y que ahora, es el espíritu el encargado de arrastrar al cuerpo. No sé si aquí en los Himalaya, Buda sopla más que Dios; pero, lo que sí estoy seguro es que he descubierto el verdadero valor de sentirme vivo y poder palpar este cúmulo de sensaciones que se materializa con unas lágrimas que este viento gélido impedirá que caigan al suelo.

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Lo que conocía hasta el momento del Tíbet, me trae a la  mente imágenes relacionadas al Monte Everest como la de monjes budistas caracterizados por su gran espiritualidad, que sin lugar a duda, después de haberlo vivenciado deja en mi vida una huella indeleble.

Esta parte del territorio Tibetano no es considerado como la “Región Autónoma del Tibet” para el Gobierno Chino por temas políticos y  de marketing turístico,  ya que  en esta zona no es necesario sacar el oneroso permiso, ni hacerlo a través de una agencia de viajes  que puede llegar a costar sobre los 4000 dólares el tour más económico, no permiten viajar por libre; sin embargo, desde el punto de vista histórico y cultural, en el norte de la provincia de Yunnan y el este de Sichuan vive la identidad Tibetana, reflejada en su lengua, vestimenta, gastronomía y sobretodo su estructura somática.

Shangrila (antiguamente llamado Deqen) ubicada a 3400 m.s.n.m. amanece  con una escalofriante temperatura de menos seis grados centígrados, la rendija de la ventana evidencia como un manto blanco cubre la superficie del suelo. Este escenario glacial nos hizo  pensar en la posibilidad de aplazar la salida; pero, al estar ya aquí y saber que las condiciones climáticas no variarían considerablemente, ya que nos encontramos en invierno, decidimos partir con Carlos en dirección Norte rumbo a Litang, ubicada a 400 kilómetros.

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Apenas salimos de Shangrila el volumen de vehículos disminuyó significativamente, mi pantorrilla aún un tanto resentida a pesar de su gran recuperación; sentia una emoción grande ya que el ascenso se vislumbraba cada vez mas cerca la nieve en las montañas, las banderas de plegarias de colores flameaban con el agitado viento lo cual me hacia recordar que estabamos en el Tibet, el sol salia de vez en cuando para calentar un poco el dia.

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Al término de este día, acampamos dentro de un bosque de pinos, descargué las cosas, Carlos acomodaba el campamento y como quien exploraba la zona avance un poco para proveernos de algo de víveres para  preparar la cena, oh sorpresa  encontré  un centro poblado, que  parecía abandonado con viviendas de puertas cerradas tan solamente los Yaks (ganado vacuno) dentro de los corrales hacían sonar las campanas colgadas de sus cuellos; al predisponerme a retornar me encuentro con un hombre mal vestido, con un ojo parchado y solo con dos dedos en su mano derecha, quien amablemente me invitó a ingresar a  su casa para calentarme junto al fuego.

Los días transcurrían y el viaje avanzaba a pesar del intenso frío, procurabamos tener una disciplina rigurosa a la hora de empezar a pedalear para llegar a la cima de las montañas, máximo hasta las 4 de la tarde y luego descender a las partes bajas para dormir y , evitar las temperaturas glaciales.

 A continuación está un gráfico que ilustra los cinco pasos montañosos cercanos a los 5000 m.s.n.m que tuvimos que cruzar durante los 9 días que nos tomó hacer los 400 kilómetros desde Shangri-la hasta Litang.

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Las primeras noches acampamos en edificaciones abandonadas, en medio del bosque o junto a las puertas de las casas; en estos sitios dormiamos relativamente bien  hasta la media noche, porque a la madrugada la temperatura bajaba drásticamente. El frío engarrotaba mis  pies por lo que de inmediato me levantaba, pese a los cuatro pares de medias que llevaba puesto. Una de esas noches  a Carlos se le ocurrió meter a la casa abandonada donde dormimos, unas pailas viejas llenas de la brasa que resultaron de la fogata para calentar de alguna forma el ambiente  oscuro y lúgubre. Este tramo cada vez se volvía más hostil porque no encontrábamos espacios cerrados para protegernos del viento y poder  descansar bien.

Hasta aquí ya habíamos coronado los dos primeros pasos montañosos, caracterizados por las grandes pendientes y en donde se siente el gran esfuerzo que hacen los pulmones para ingresar las bocanadas de aire; afortunadamente los días mejoraron y el sol nos acompañó durante varias horas; sin embargo,  los días más difíciles estaban por llegar.

Al siguiente día muy por la mañana empezamos a desarmar la  carpa   instalada junto a la puerta de una casa humilde. Sus dueños, antes de marcharnos, gentilmente nos invitaron a calentarnos en el fuego, entonces aproveché para sacarme las medias y recuperar la temperatura en mis pies, y a la vez para calentar  el poco pescado que sobró del día anterior y un huevo duro; pero,  oh sorpresa, nuestro desayuno había formado parte de lavazas para los puercos, mientras armábamo el equipo de salida.


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Empezamos a rodar, ahora   el asfalto se convirtió en polvo y piedra que serían nuestros compañeros prácticamente hasta Litang. Las cuestas se ponen más empinadas, por tanto el ascenso se vuelve lento no más de 6km por hora, el paso repentino de camiones dejan una densa cortina de polvo. Y como siempre esas maravillas que solo se las tiene viajando en bicicleta; una pareja que viajaba en un jeep se detuvo para darnos un par de latas café y chocolates que por delicadeza solo cogimos un par. Disfrutamos de ese manjar y continuamos el viaje; más adelante, a 5 minutos, estaban las mismas personas esperándonos con una funda llena de leche, chocolates, panes, papas fritas, galletas, prácticamente todas las compras de un mercado en medio de la nada.

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Semejante gesto de generosidad, ¡vaya que nos sirvió poderosamente! pues, ese día no avanzamos a coronar, tan solo pedaleamos 31km, escasos kilómetros nos separó de la cumbre. Sin otra alternativa acampamos en este sitio a 4400 m.s.n.m, pero  el terreno era tan escarpado que no encontramos un lugar plano para colocar la carpa; con las dificultades del caso logramos armarla pero fue imposible dormir dentro de ella. Los pocos minutos de luz que quedaban del día aprovechamos para apilar leña de pino que estaba en el área y juntar hielo en las ollas para derretirlo y preparar la cena y té para la noche que sería muy larga. Gracias a la habilidad de Carlos para prender el fuego, rápidamente contamos con una fogata, pese a la madera húmeda. La tarea siguiente era ponernos turnos  para descansar y mantener el fuego encendido. Dormir fue imposible, el frío era tan intenso que  obligadamente teníamos que estar junto al fuego para lograr pasar la noche, al menos un tanto abrigados.

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 Los últimos días de nuestro viaje, abruptamente cambio el clima, las temperaturas eran demasiado bajas, lo que complicó aún más la ruta, evidentemente también el paisaje se matizaba entre la poca vegetación y parches extensos de nieve, en virtud de la altura en la que ya nos encontrábamos; en los pasos montañosos observábamos banderas enarboladas de plegarias tibetanas que son  trozos rectangulares de tela, de varios colores, cada uno tiene un significado dentro de la cosmovisión tibetana.: amarillo – tierra, verde – aire, blanco – agua, azul – cielo y rojo – fuego,

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Debido a la reducida área de tierra de cultivo de la meseta tibetana, la principal actividad económica en esta zona es a la cría y  cuidado de los Yaks. En un momento del viaje, por coincidencia  llegamos a la hora del almuerzo, encontramos mujeres del sector, cocinando en un puente  y  ganaderos que llegaban en sus vetustas motos, a disfrutar de la comida. Nos hicieron participes del almuerzo. Con un trapo sucio limpiaron unos palillos y nos sirvieron un recipiente de arroz insípido y pedazos de carne. Entre gestos y bromas disfrutamos del momento, nos fotografiamos y  agradecidos seguimos pedaleando.

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A partir de aquí, empezamos a sentir gratamente la hospitalidad tibetana, ya nunca más hasta Litang, volvimos a dormir en la intemperie, encontramos  personas mucho más extrovertidas  y sonrientes que los chinos, su amabilidad y generosidad eran patéticas, siempre están levantando la mano y saludando, en las casas que nos hospedaron nunca nos  faltó el té de mantequilla, hecha con la leche de Yak,  la carne con bastante grasa o mejor dicho pedazos de grasa cubiertos con una capa fina de cuero con el propósito  de conservar la temperatura corporal en este agreste clima del Tibet.

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Avanzando ya en la recta final del viaje las condiciones climáticas  eran más agresivas que antes, debido a los 4000 m.s.n.m de altitud. Ahora nos vemos obligados a  enfrentar el cambio repentino  del clima,  a atravesar  los dos pasos montañosos más altos de la ruta: El Kululu y el Dashueshan, a no poder beber agua porque la que portábamos en las bicicletas se habían congelado, a soportar el frío que congela el alma, evidencia de ello era ver como los camiones  que circulaban, tenían adherido conos de hielo en sus carrocerías. Al principio pensé que se debía por el frio de toda la madrugada mientras estaban parqueados, pero luego comprobé  cuando descansaba y reanudaba  la marcha, los discos de freno de mi bicicleta comenzaban a crujir debido a la capa de hielo que se iba formando, es decir que en este clima y a estas temperaturas es imposible descansar a la intemperie  más allá de 15 minutos.

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En la cima del Dashueshan, mis piernas no daban más, pero mis ojos estaban  extasiados al contemplar tan soberbio e increíble paisaje que jamás hubieron  visto; el blanco de las montañas se perdía en el horizonte; las banderas tibetanas multicolores flameaban más que nunca, todo lo cual  hacía imposible contener las lágrimas ante el éxtasis que estaba viviendo, pero de pronto un fuerte viento cargado de una tormenta de nieve me trajo  a  la realidad y empezamos  a descender inmediatamente.

Normalmente cuando se viaja en bicicleta lo que más se espera después de un largo ascenso es llegar a la cima para disfrutar del descenso, pero aquí es un verdadero martirio, el dolor de las piernas fue reemplazado  por el de las manos debido al  tanto frenar y al frío intenso que penetra los guantes térmicos, que estaban reforzados por un par de medias y cubierta cada mano con una camiseta; sin embargo llegó un momento que ya no las sentía por lo que me ví obligado a descubrírmelas, para calentarlas con mi aliento.

Kilómetros más abajo de esta experiencia, el hielo cubría la mayor parte de la calzada y a la velocidad en que bajaba se hizo imposible detenerme totalmente, perdi el equilibrio y me deslice varios metros sobre el hielo, que  luego del primer susto, lo disfrute hasta detenerme totalmente cerca de la cuneta.

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Luego de estos avatares, la jornada la clausuramos  de la mejor forma en unos baños termales, ideal para descansar y relajar los músculos que tanto necesitaban.

La última  noche antes de llegar a Litang la pasamos en una casa tibetana, y si en China me sorprendió la estructura y uso de los baños sanitarios, el baño de esta familia tenía un ingrediente adicional; al  otro lado del canal oblicuo de desfogue había un cerdo esperando alimentarse de los excrementos.

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Con este cúmulo  de sensaciones y percepciones dejo el Tíbet, asociándolo a nuestra historia personal, sin duda, una de las mejores experiencias de mi vida ha sido pedalear en la “tierra de las nieves”.

6 Comments

  1. Bien bro esa es la manera,,.. Felicitaciones amigo vas a llegar muy lejos…. aplausos para ti amigo.

    • Chilalo Errante
      Chilalo Errante

      Gracias amigo, lo mejor del mundo en tu nuevo proyecto de viaje, lo importante es viajar y descubrir ese mundo desconocido , independientemente de la forma que lo hagas moto, mochila, bicicleta un fuerte abrazo

  2. FABIAN LOZANO GUARICELA

    ESTAS HACIENDO HISTORIA ANDRES, EL SACRIFICIO QUE ESTAS VIVIENDO EN ESAS AGRESTES ALTURAS , MAÑANA SERA RECOMPENSADA, CON LA SATISFACCION DEL DEBER CUMPLIDO,
    TE FELICITO Y TE DESEO TODA LA SUERTE Y QUE TODO TERMINE CON FELICIDAD

    • Chilalo Errante
      Chilalo Errante

      Gracias Fabián por leerme y por sus paabras de buena vibra, de seguro son experiencias inolvidables que fortalecen el espiritu un fuerte abrazo

  3. Mishelle Gómez González

    Amigo de alguna manera puedo vivir un poco esa magnifica experiencia a través de tu relato, mi corazón se alegra y mi espíritu se inquieta al saberte cumpliendo ese sueño y ver a través de tus ojos esas mágicas tierras. La vida es eso y está para ser vivida, tremenda inversión la tuya, inversión de vida. Que cada día la fuerza llene tu cuerpo y espíritu y te lleve cada vez a lugares más hermosos cargados de experiencias únicas. Que Dios bendiga tu camino, buen viaje siempre 😊

    • Chilalo Errante
      Chilalo Errante

      Amiga querida, que hermosas palabras me quedo con cada una de ellas, vivo al máximo con mucha intensidad cada día de esta hermosa experiencia. te mando un fuerte abrazo gracias por leerme :)

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